miércoles, 4 de febrero de 2009

74 - Sobre la Enseñanza - ( 3 de 4 ).


ENSEÑANZA - 3.

Veamos qué ocurre en Medicina.

Un alumno malagueño, tras tener un buen expediente y sacar una nota alta en Selectividad, entra en Medicina.
Si mal no recuerdo son 6 cursos, que pueden ser 7 u 8 años (por aquello de la asignatura que se atranca o del profesor hueso que parece tenerle manía).
Termina y tiene un título. ¿Para qué le sirve?. Para casi nada. Pero ya tiene una buena formación científica. Ahora, si quiere tener algo “decente” o “interesante”, tendrá que preparar el M.I.R. ¿1 ó 2 ó 3 años?. ¿Dónde?. Conozco a varios que se han ido a Asturias o a Algeciras. ¿Cuánto les cuesta la matrícula, el traslado,….?. Averígualo
Además si lo que desea es ser Cardiólogo o Urólogo tendrá que sacar una nota alta en el examen de M.I.R., porque, de lo contrario, tendrá que optar por las especialidades que queden y de las que, seguramente, no estaba muy ilusionado,
Supongamos que consigue Cardiología o Urología, ahora son 3 años de prácticas, M.I.R. 1, 2 y 3. Son prácticas bajo la tutela de un titular. Son prácticas ya remuneradas, mal remuneradas, pero remuneradas. ¿Dónde las va a realizar?. Adivina adivinanza, pero, lo más seguro es que no sea donde reside, por lo que hay más gastos adicionales. Tendrá que hartarse a hacer guardias para sobrevivir.
¿Y luego?. Puede abrir su consulta privada, pero esto es una inversión, un negocio, que puede salirle bien o mal.
Lo normal es que acuda a conseguir una plaza pública en el sistema sanitario. ¿Dónde?. Adivina adivinanza.
Fíjense en la cantidad de filtros, de cribas, de obstáculos, que ha sufrido y que ha tenido que ir superando nuestro cardiólogo o nuestro urólogo. Es para fiarse, ya, de ellos.
¿Por qué no transplantar este método de selección a la Enseñanza?.
Veamos lo que ha ocurrido y lo que va, seguramente, a ocurrir en la Enseñanza.
1.- Lo que ha ocurrido.
El C.A.P. (Certificado de Aptitud Pedagógica). ¿Y eso qué era?. Pues que al acabar la formación académica, tras cinco años, tienes la Licenciatura, en las distintas facultades y los nuevos licenciados que quieran dedicarse a la Enseñanza pública, tendrán que estar en posesión del C.A.P., que, naturalmente, será impartido por pedagogos. Son los que “enseñan a enseñar” para que los futuros profesores consigan que sus alumnos “aprendan a aprender”.
Por ahí hemos pasado todos en lo últimos no sé cuántos años.
Ese C.A.P. , siempre obligatorio, nunca, jamás, fue sometido a evaluación, pero de todos los que tuvimos que hacerlo no he conocido a nadie que no “certifique” que no le ha servido para nada, que era o una estafa o una pérdida de tiempo o una vergüenza, pero que como ese Certificado… era un requisito “sine qua non”…
Si a nadar se aprende nadando y a correr se aprende corriendo, a enseñar se aprende enseñando. 2.- Lo que, seguramente, va a ocurrir.
Sustituir el 5º curso de la “carrera”, de preparación específica, de formación académica, por un Master de Formación del Profesorado, que no es más que un C.A.P. pero mucho más largo y, sobre todo, mucho más caro.
A los profesores, a los “currantes diarios” no se les pregunta. Desde las mesas de los despachos oficiales, donde se sientan muchos “desertores de la pizarra y de la tiza”, han tramado en sus mentes, despreocupadas del trabajo martilleante diario, el mágico remedio al desastre educativo. Es decir, los que no saben Matemáticas, Filosofía o Química van a ser los encargados de decirles a los profesores “currantes” cómo deben enseñar Matemáticas, Filosofía y Química.
Ellos, los Pedagogos, son los expertos en “enseñar a enseñar”, los profesores deberán “aprender a enseñar” y los alumnos tendrán que “aprender a aprender”.
- ¿Quéeee?.
- Pues eso.
Quien no sabe matemáticas o filosofía (un pedagogo) ¿puede enseñar a un matemático a enseñar matemáticas y a un filósofo a enseñar filosofía?
¿Hay, existe en algún cielo etéreo, un saber general, que no sea saber matemáticas, saber química, saber geografía….?.
Lo único que, realmente, hace falta es que el profesor ame su disciplina y se la haga tan atractiva, tan agradable a sus alumnos que a éstos también les guste tanto como al profesor. Esa sí que es la garantía del éxito educativo.
El pedagogo está convencido de que el matemático sabe matemáticas pero que no sabe enseñarla y él, que no sabe matemáticas sí sabe cómo enseñarla.
Cualquier docente experimentado dirá, exactamente, lo contrario. Que quien fracasa, al enseñar, la materia que sea, es porque, en realidad, no la sabe bien y tendrá estudiarla más y mejor. (Hablo de enseñantes, no de investigadores. Éste es otro problema).
Suele decirse que hay muy buenos investigadores que son malos profesores. Esto es una falacia.
Los investigadores que no aman la enseñanza la enseñan mal, pero no porque no sean, sino porque no quieren hacerlo, porque no les gusta.
Quien nunca ha enseñado no sabe enseñar, como quien nunca ha nadado no sabe nadar, aunque sepa y domine todas las técnicas natatorias habidas y por haber.
Un ejemplo a mano y general. Todos (o casi) nos hemos sacado el carnet de conducir. ¿Sabías tú conducir bien, cuando estrenaste el carnet?. Recuerda tu propia experiencia ¿No sabía conducir bien el profesor de la autoescuela que te daba las prácticas?. ¿Pudiera ser que el que te enseñó la teoría no supiese conducir pero que se supiese, perfectamente, todo el código de circulación?.
Pues eso.
Lo que le falta a un profesor no es teoría pedagógica sino práctica docente, como a los M.I.R.
Lo que hacen falta son prácticas tuteladas y remuneradas.
La tribu P (tanto los psi-como los ped-) alaban y aplauden con las orejas la nueva propuesta. No es de extrañar. Se les ha ensanchado el campo. Los intereses corporativos mandan.
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Por : Tomás Morales Cañedo (Filósofo)

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